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2 de Julio 2005

IV. Preludio

oema: Sigo

La rosa decaída por los tiempos
acorralada entre verdes plantas,
meciéndose junto con los vientos
es tan hermosa, es tan dorada.
Agonizando sueños, la rosa;
quedan estáticos sus placeres,
encuentro en sus ojos mi prosa
entrelazada con sus burdeles.

El preludio al siniestro,
el amor hacia la belleza,
predominaban entre molestos
ruidos de muerte y de rareza.
La vida bailaba como música,
pues los ruidos eran muy pocos
comparados con su loa rústica
la que danzaba sobre su rostro.

¡Tanto miedo tengo de tocarla!
Es tan preciosa y tan perfecta,
quizás el humano al abrazarla
la destruye y la convierte en seta.
No se puede transformar la rosa
pues si sus pétalos delicados
son guiados por manos suntuosas,
caerán y destruirán los pecados.

Me acerco hacia esa meta,
hacia la rosa, carmín en verdes;
me acerco hacia la flor selecta,
¡ella es la que me dará placeres!
En sueños he visto la belleza,
tan parecida ella se presenta
que distinguir me es una proeza,
entre la rosa y mi certeza.

Pero no puedo abrazarla,
ni tocarla ni desearla a ella,
pues se manifiesta rezada
erguida por su propia maleza.
La toco y morirá; y tengo miedo,
que la rosa que veo en el
prado inmenso, no viva el invierno.
¡Rosa, belleza, busca el querer!

Envinyatar: 2 de Julio 2005 a las 03:20 AM
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