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14 de Julio 2004

Vuelvan a la muerte

uento: No pude poner los cuentos antes porque no sé por qué no me dejaba entrar a Zonalibre, y no me dejaba ni postear ni comentar. Bien ahora que puedo, les doy este cuento que me gustó más escribirlo que leerlo. Al escribirlo (sobre todo al final) sentí lo que se supone que siente el principal, sentí lástima y varias cosas más; pero al leerlo, todos estos sentimientos fueron un poco olvidados. No importa, al final, el cuento me gustó. Tengo otro pero lo voy a postear el viernes (si Zonalibre quiere).

El cuento es este:
Ya había cruzado el fuego que separa, aquella muralla que los paraba; nadie me había visto y pude cruzar tranquilamente, aunque seguro estoy que esos soldados sospecharon al verme tan vestido. No importa; eso quedó atrás, espero. Ya lo crucé hace tiempo, no creo que me sigan, no serían capaces.
Rápidamente miró para atrás, y vio un poco de reojo lo que estaba siguiéndolo: nada. Eso no hizo más que asustarlo, aunque él sabía lo que iba a pasar. Pensó en correr, aunque esto le trajera más sospecha; pensó en caminar más rápido, y lo hizo, sin saber que la gente ya lo miraba con miedo y pena. Tenían miedo, porque ellos habían visto a la Muerte, y sabían que esa era su cara y esos sus vestidos.
Las aves volaban ahora hacia la línea de fuego, el aire soplaba muy poco. El cielo estaba desvelado y el Sol brillaba en lo alto. El ruido tumultuoso de los humanos chocaba y se reflejaba, llegando a todos lados. Todo era de un color amarillento, todo excepto los largos vestidos de las mujeres, tan perfectas, que estaban para cubrirlas. Los autos pasaban de a poco, y siempre cada un cierto tiempo; la gente los miraba, y siempre cada un cierto tiempo. Las casa parecían todas iguales, y se repetían.
No debo dar más vueltas. Ya tengo que cumplir con mi deber. Ese niño. Sigo caminando, espero un momento mejor. Ellos son los que traen la Muerte, yo sólo se las devuelvo. Tengo que hacerlo. No me mires tu con esa cara; no llores. Yo vi el cuerpo de mi hijo tirado en el piso, muerto por SUS armas, no tiene ustedes derecho a llorar. Vi mi árbol morir, ustedes lo único que vieron fueron sus plantas pudriéndose.
¿Qué es esta pluma? Es una señal del que no puede ser mencionado por los ignorantes hombres. Es tan bella; ¡oh! Las aves están surcando el cielo. Los dragones deben estar persiguiéndolas; o quizás esta misma ciudad. La pluma es una señal, quizá me dice que tengo que terminar con todo, y rápido, porque las aves ya se están yendo; o quizá tengo que irme, para no cometer lo que ellos me hicieron. ¿Por qué haces todo tan incomprensible, ¡oh! Tú, Nuestro Señor? Ahora me dejas en las preguntas, y no sé a cuál responder. Espero otras señales y más seguras, para que yo no haga lo que no sea Tu palabra.
¿Qué es lo que estoy diciendo? Lo que hago es lo que Tú quieres. Estoy defendiendo mi honor y mi familia, estoy ganando para todo mi árbol ya caído la entrada al paraíso. Esa es la señal que Tú ya me diste, no necesito de más cosas.
Y siguió caminando, mientras todos debatían como esquivarlo. El calor estaba en subida. El Sol se dirigía justo a donde él quería. Las nubes ya por el horizonte aparecían y mostraban una oscuridad repentina. El Sol no era tapado, sino todas las cosas, todas las mentes, todos los humanos. Pareció el Sol dudar de su camino, mirando ahora tanta oscuridad, pero igual no paró de moverse. Era por tanta oscuridad por la que se movía.
Derecho a la tan arbolada plaza fue el hombre con esa campera tan grande, que era más grande de lo que realmente tendría que hacer. Los animales que estaban se fueron asustados por la Muerte que se acercaba, trayendo consigo las sombras que apagaban la luz del que ilumina. Y la Muerte sufría por ser la causante.
Sol, no me dejes ciego, estoy siguiendo tu camino, tú eres el que me guía. No puedo mirarte a los ojos, estoy viendo ahora todo nublado; son las gotas que caen. Más gente que me mira. Ya estoy en la plaza.
Los árboles se callaron; los pájaros retrasados dejaron sus silenciosos nidos; los nidos se cayeron, sin hacer ruido; los pasos resonaron y sin embargo todo estaba en silencio. La lluvia empezó a caer, y sí hizo ruido. Todo fue más calmo. La lluvia empezó a tocar los árboles, y también empezó a esquivarlos. Cada vez cayó con más fuerza, quería acabarse antes de que todo acabase. Se formó barro. Unos niños empezaron a jugar en él. Sus madres persiguiéndolos se resbalaban. No estaban contentas.
Todos empezaron a caminar más rápido, a alejarse de la plaza para llegar más temprano a la soledad y oscuridad de sus casas. Las mujeres seguían persiguiendo a los niños, y nadie las ayudaba; los niños seguían jugando. Un trueno. No hizo ruido. Los niños se asustaron al oírlo y se fueron con sus madres, manchando los esplendorosos vestidos de las mujeres. Un sonido cayó en los árboles. Tan hermoso era que todo se quedó quieto, a escucharlo. Todos sonrieron y hasta la lluvia ya no tuvo apuro en terminarse.
Era ahora o nunca. Los hijos están jugando, las madres los están cuidando. Están todos tan felices, nadie sabe lo que va a pasar. Están todos tan felices, no se les puede quitar esa felicidad. Estaban todos tan felices, cuando me quitaron la alegría. Ruego el perdón, éste es mi deber, soy yo el que lo tiene que hacer. Ya me lo hicieron, no fue de mi agrado, y ahora yo he de quitar esa alegría a todos como venganza de lo que ha pasado. El libre por el libre, el esclavo por el esclavo, la mujer por la mujer. Mas quien después de lo hecho se vengue, sufrirá un severo castigo. Si un hombre ha reventado el ojo de un hombre libre, se le reventará un ojo. Darás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.
El tiempo me espera, es él el que me guía; esperaré a que la gente venga, para que vean su sufrimiento. Puedo sonreír ahora, mientras la lluvia me acaricia, quizás no caigas pero yo igual te siento. Estoy feliz. Esto es el final esto es lo que yo y todos queremos.
El hombre se arrodilló, y empezó a llorar, besando el suelo. Su alegría parecía haberse escapado, y no quería volver. Toda la plaza estaba esperando y todos alegres, porque ninguno el futuro veía. Mas todos en su interior sufren realmente, porque este es su último segundo, su último respiro, sus últimas palabras, su última vista. Y todos estaban contentos; todos sonreían.
Este es el final. Tú me ayudaste, te amo. Mi familia que ya me espera gana su merecido descanso. Se los estoy regalando, tómenlo y disfrútenlo. Todo parece que se apura ahora, tengo que hacerlo. Esto es cuando todo se termina, así es cómo se siente. ¿Realmente quiero hacer esto? Podría darme la vuelta y seguir, como si nada hubiera pasado. Podría pensar en otra cosa, y dejar todo olvidado. Voy a olvidarme de todo; todo el sufrimiento que me hicieron: me voy a olvidar de haber tenido a mi hijo de la mano, caminando suavemente, él saltando, yo pensando; tan contentos en aquel Sol que brillaba, aquel día que parecía tan bueno; me tengo que olvidar de verse opacar el Sol, y que una luz más fuerte surgió; de ver gritos y de oír a mi hijo cayendo; tengo que olvidarme de todo, de haberlo tenido en mis brazos, mientras me llamaba, mientras sus sangrientos labios se movían, saludándome, todavía contento; tengo que olvidarme que el ya no sentía y que no sufrió; que sus ojos brillaron, antes de no brillar más; no salieron lágrimas de su rostro, aunque sí de toda la gente; tengo que olvidarme de todo, mi hijo ya no sigue en mis brazos, yo ya lo he dejado; esto lo dejo en el pasado y lo olvido.
No. Mi hijo está muerto. Tú me lo mataste. ¡Asesino! Tú lo hiciste. Y ahora juegas en el barro. Molestas a tu venerada madre. ¡Asesina! Y todos sonríen. Lloren, por lo menos lloren. Sufran. Muéstrenme sus triste caras. No pueden, no saben cómo hacerlo, sólo saben provocarlo. ¡Asesinos! Todos ustedes los son. Mataron a mi hijo; me hicieron tenerlo en mis brazos mientras lloraba. Y yo los vi. Ya está, mueran todos ahora. No hay niño, madre, padre, o Dios que se escape ahora de esto. Nadie lo puede parar, como nadie paró a la explosión que mató a mi hijo.
¡Lloren! Porque el final les ha llegado. Tengo que sonreír. Estoy alegre. Ustedes ahora son los que van a sufrir. Yo soy el que lo hace. ¡Me río ante sus caras tan alegres! Escuchan sólo el sonido de un árbol. No están prestándome atención.
-¡Sufran ahora, estúpidos! Ustedes me lo hicieron y ahora sienten lo que yo siento. Estoy provocando lo que me provocaron. Ya saben lo que voy a hacer. Todos ustedes me vieron entrar. ¡Qué traje tan grande! ¡Sufran!
Y mientras todo volaba por la gran luz que ahora se irradiaba de aquella persona, que ya estaba desapareciendo por lo que hizo (al igual que todos los que tenían sus caras felices, que justo antes habían estado tristes, y todas las cosas que sentían la gran explosión), el agua volvió a caer, las hojas volvieron al otoño, y los pájaros se alejaron más.

Envinyatar: 14 de Julio 2004 a las 09:27 PM
Comentarios

¡¡Hola!!!!! XD~~~~ Bueno, la verdad es que cai de casualidad en esta pagina, y te digo que esta muy buena!!!!!
Me encanto este cuento, mas que todo el final, lastima que no hayas ganado el concurso T-T.

Bye ñ_ñ

Escrito por Akane a las 24 de Agosto 2004 a las 09:23 PM

Entonces me digo a mi mismo, ¡qué mal que lo hice! La idea (y ya arruino la historia que ustedes se pueden haber imaginado) era que el tipo era un suicida palestino o israelita, y que iba a explotar para matar gente. O sea, capaz que no me quedó muy claro, tampoco lo quize explicitar. Pero bueno, cualquier idea es buena.

Escrito por Envinyatar a las 16 de Julio 2004 a las 01:06 AM

No sé por que... pero imagine que en el centro de la plaza habia una fuente de agua... y que todo el escenario era algo medieval... y el hombre llevaba un sombrero negro.

saludos

Escrito por Ambar a las 15 de Julio 2004 a las 05:54 PM

Mmmm me gusta el final :)

Dark kisses

Escrito por lua a las 15 de Julio 2004 a las 04:53 PM
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